SONRISAS. Gema Ibiza Núñez

Todos los días le despertaban con besos y mimos. Ella les sonreía y
pensaba: Tengo los mejores nietos del mundo.
Todos los días atendían a su abuela deleitándose con sus sonrisas,
lo único que la demencia no había podido borrar y pensaban:  «Tenemos
la mejor abuela del mundo».

Deja un comentario